El dinero no da la felicidad pero…

Todos sabemos cómo acaba esta conocida sentencia. Y todos hemos presenciado o participado en alguna discusión sobre si el dinero es más o menos necesario para la felicidad. Imaginemos una de esas conversaciones. En un momento alguien cita a Groucho Marx, quien ironizaba diciendo que la felicidad está en las pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna. Muchos ríen y asienten. Otro saca el móvil para googlear estudios científicos que puedan dar algo de luz. Tras un rato viendo estudios con resultados no del todo claros, guarda el móvil y cambia de tema.
¿Cómo es posible que no exista aún una respuesta clara? No es porque no se haya investigado; sino porque esta pregunta, en qué medida da el dinero la felicidad, es mucho más difícil de responder de lo que podría parecer. Ya en los años 70 un economista norteamericano, Richard Easterlin, analizó una secuencia de datos económicos y de felicidad de varios países, entre ellos EE.UU. y llegó a la conclusión de que los incrementos de ingresos per cápita en una sociedad no se traducían en mayores niveles de felicidad. Desde entonces, la paradoja de Easterlin -así se denominó- ha sido reevaluada en varias ocasiones dando resultados dispares. Una de las explicaciones de esta paradoja es que la relación entre ingresos y felicidad tiene un fuerte componente de comparación social. Es decir, una persona sería algo más feliz si mejoraran un 50% sus ingresos, pero parece que si fuera toda la sociedad la que incrementara su renta en ese mismo porcentaje apenas se produciría un incremento en el nivel general de felicidad. Hay un dicho popular que sugiere que “lo importante no es ganar mucho, …basta con ganar más que tu cuñado”. De nuevo, la comparación social.
Lo cierto es que bastantes estudios confirman que, más que los ingresos en sí, lo importante para la felicidad es la satisfacción con dichos ingresos. Esto nos indica que las expectativas y las necesidades autoimpuestas en relación al dinero pueden tener un papel bastante relevante en la felicidad. “No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita” reza otro dicho popular. Y algo que también sería bueno tener en cuenta: rodearse de gente con mayores ingresos podría no ser una buena estrategia ya que la comparación social siempre jugará en contra.
Más en general, los estudios nos ofrecen otro dato importante: siempre se encuentra una mayor relación entre nivel de ingresos y de felicidad en las sociedades menos desarrolladas, y una relación más débil en las sociedades más ricas. Esto nos indica que los ingresos, cuando marcan la diferencia es en situaciones de escasez: cuando las necesidades básicas están en juego. A partir de ahí, su influencia se va difuminando.
En parte por esto, durante las crisis económicas se observa un descenso acusado de la felicidad en las sociedades. Fruto de la crisis, según el World Happiness Report de 2013 editado por la ONU, desde 2006 a 2012 España descendió 16 puestos de una lista de 156 países evaluados en relación a la satisfacción vital percibida. La mayor dificultad para satisfacer necesidades básicas en época de crisis es uno de los factores que explican este descenso de felicidad, pero no el único. La incertidumbre ante la posibilidad de que se vean reducidos drásticamente los ingresos supone una amenaza muy relevante con implicaciones directas para el bienestar.
En todo caso, se le sigue dando una importancia quizá excesiva a la riqueza material y esto a veces implica tomar decisiones erróneas. Por ejemplo, es muy habitual que personas que podrían ser razonablemente felices, no lo sean porque sacrifican aspectos vitales esenciales, como el ocio, las relaciones o incluso sus valores, por conseguir mayores niveles de ingresos.
Aunque poco a poco esto va cambiando para muchas personas, especialmente en la generación de millennials. En el turno de preguntas, tras dar una conferencia sobre este tema, un chico joven del público tomó la palabra y con un aire reflexivo sentenció: “Mi resumen de todo lo que he oído sería algo así como que el dinero no da la felicidad sino que elimina problemas”. Cuando acabó de hablar, pensé durante un segundo, pero le tuve que dar la razón.
AUTOR:
Gonzalo Hervás Torres
Universidad Complutense de Madrid
Fundación MAPFRE